4 nov 2012

QUIERO A MI BATIDORA 3.0



Nada ha cambiado.
Hace casi un par de meses partí de viaje a tierras de ultramar allende la vieja Nueva España a impartir una serie de conferencias sobre ética de la responsabilidad, el sentido de la confianza entre los seres humanos y como este es tan consustancial a nosotros como el respirar y sobre la necesidad imperiosa de revitalizar el arcaico sentido de clan allí donde pudiéramos para poder atajar problemas como el narco, la corrupción policial, el fracaso escolar o la tiranía de los políticos corruptos. Y he vuelto con el zurrón lleno de planes de vuelta, con mil trabajos a contra reloj para hacer, con compromisos inestimables y con más ganas aún de comerme una tostada con aceite, tomate y jamón en la plaza del Altozano.
Y nada ha cambiado. En algún momento me imaginé que asaltarían el congreso de los diputados, que pintarían los leones de bronce con narices de payaso y que se disolvería el gobierno, se plantearía una reforma constitucional, se plantaría cara a Merkel recordándole que la sartén la tenemos nosotros por el mango y que si no pagamos a sus bancos las deudas, que tan caras nos están saliendo, estos se irán al carajo. Que en España un voto equivaldría a un ciudadano, y que sólo si nos sale de las narices mantendríamos al rey y todo su cohorte de vividores, aunque fuese sólo por mantener la corona en el escudo de la selección de fútbol.
Imaginé a los parados a los que en diciembre les quitarán la ayuda familiar asaltando en masa los grandes supermercados y llevándose ante los medios de comunicación los cartones de leche, el aceite, el azúcar, el pan y la sal, y de paso una caja de langostinos congelados y una paletilla de ibérico, que ya están encima las navidades y este año las vamos a pasar canutas todos.
Imagine también a Rubalcaba, Rajoy, Esperanza Aguirre y todos los demás sinvergüenzas de este país que se llaman a sí mismos políticos siendo insultados en la cola del paro. Y que después de meter tantos millones públicos para impedir la quiebra de la banca privada se habían prohibido los desahucios de las familias jodidas y sus deudas habían pasado a un fondo de ayuda público que las gestionaría de forma más civilizada y conciliadora… Imaginé que los sindicatos predicaban con el ejemplo y que si pedían una subida de salario para todos empezarían por aportar sus propios fondos para ayudar a los trabajadores antes que a ellos mismos.
Y  tras tanto imaginar me entero que Esperanza Aguirre había dimitido y casi me da un vuelco al corazón. Sería posible, ¿algo estaba cambiando? Pero después me enteré que la dimisión coincidía con el cierre del trato de Eurovegas, y como soy mal pensado me acordé de Góngora y su “Ande yo caliente ríase la gente” o de su archienemigo Quevedo y su “Poderoso caballero es Don Dinero”… Porque nada ha cambiado! Porque en Galicia el PP aumentó su mayoría absoluta, porque el informe PISA nos deja para hacer trapillos de afilador, porque el emperador chino de la extorsión no pudo amasar esa fortuna solo a costa del cacharro de Vidal y mucho altos cargos deben de estar pringados aunque no nos enteremos jamás, porque con no ir la hija del rey al desfile está todo solucionado, porque mientras no falte jamón a nuestras tostadas lo aguantamos todo, lo tragamos todo, lo permitimos todo y nos la meten a todos con singular alegría.
El 14 de noviembre habrá huelga general, y sonaran tamborcitos y tiraremos confetis… y pronto no habrá pan donde poner tanto jamón chino.

17 jul 2012

QUIERO A MI BATIDORA 2.0



Alguien cometerá un error…

 Desde hace ya un par de años no dejan de utilizarse, casi tanto como las máscaras Guy Fawkes, algunas de  las geniales líneas de la película “V de Vendetta” para reivindicar una democracia real, o incluso la abolición del sistema político-económico tal como ahora lo conocemos. Pero un de las citas más demoledoras de esta adaptación cinematográfica de la novela gráfica de Alan Moore, que aún no se ha usado, y que ya pende sobre nuestras cabezas como la espada de Damocles es la siguiente: “Entonces sacará a la policía a la calle, y alguien cometerá un error”.
Pensemos esta frase en todos sus posibles significados. ¿Quién cometerá un error? En la película el error lo cometía un “dedo” un agente de la policía secreta de un ficticio gobierno autoritario de corte fascista. Este “dedo” le descerrajaba “por error” un tiro a una niña de unos diez o doce años que llevaba una mascada de Guy Fawkes y jugaba con ella por la calle, y esto provocaba la ira y la movilización de las masas para destronar al tirano.
Pero el error puede estar en la mano de todos. Cuando se tensa un sistema basado en la tolerancia y el aguante de las voluntades humanas se está jugando con fuego, y un fuego que quema mucho si no se sabe controlar. Dice el refrán que Dios aprieta pero no ahora, el problema que estamos padeciendo es que desgraciadamente los que aprietan no tiene nada de divinos, más bien todo lo contrario y, claro, aquí el refrán no sirve y habría que reformularlo en otros términos, a ver… Saben ustedes el chiste del cateto imbécil e insensible que tras matar a su asno de hambre y fatiga le increpa atónito: ¿Ahora que te acostumbras a no comer vas y te mueres bestia desagradecida? Pues a este punto es al que nadie quiere llegar, porque por alguna extraña razón a la vida se le tiene cierto aprecio irracional que hace que mordamos la mano traidora que nos acaricia complaciente o nos comamos la que nos quiere golpear. Y esto parece que nadie lo toma en cuenta, que el chicle se puede estirar ad infinitum y que, como la masa es tonta, tu dale fuerte con la vara que ya verás como no pasa nada. La masa es tonta sí, tonta si se le pide a todos que reciten a coro la tabla del tres, tonta si ganamos el mundial y la Eurocopa, ¿pero también es tonta si llevan barras de hierro, martillos, hoces, bates de beisbol, cadenas o piedras? Entonces no son tontos, son antisistema, radicales, salvajes, indocumentados… ¿Pero y si un día somos tú o yo los que llevamos esos palos y esas piedras?
¿Y si un día alguien comete un error? Te puedo asegurar que estamos muy cerca de que ese error se cometa porque están comprando todas las papeletas en un sorteo que seguro tiene un ganador… o más bien un perdedor. Puede ser un padre de familia que desesperado se inmole ante el parlamento como sucediera en Grecia con aquel jubilado, puede ser una pelota de goma de  un anti-disturbio que parta en dos el alma de un bebé, un niño pequeño, una embarazada o un anciano. Puede ser un minero que muera por huelga de hambre a quinientos metros bajo tierra en una mina de carbón del norte, puede ser que un obrero de astilleros sea arrojado por una lechera desde el puente de Carranza, puede que un inmigrante desesperado se levante la tapa de los sesos ante un hospital de la seguridad social porque el “sistema” ha dejado morir como a un perro a un familiar al negarle atención…a mi ya se me están aflojando las piernas y apretando el corazón, ¿y a ti? Y si algo de esto le pasa a alguien a quien quieres y aprecias, y si te pasa a ti. ¿No saldrías con todo tu rencor y tu rabia a la calle? La masa es tonta sí, por eso no hay que hacerla enfadar, porque después, como a los tontos, no hay forma de hacerles entrar en razón. Y esto tan básico parece que se ha olvidado bajo el manto de los privilegios y la plutocracia. La amnesia del poder es terrible y si está aderezada con idiotez manifiesta más.
Porque el mundo seguirá girando, y lo que ahora pase no será más que una lágrima en la lluvia recordemos siempre que errar es de humanos, y que perdonar todos nuestros pecados es algo que por contrapartida sólo puede hacer Dios. Así pues tened la certeza que más temprano que tarde alguien cometerá un error.

30 jun 2012

QUIERO A MI BATIDORA 2.0



Vida sobre el planeta

 Una de las muy magníficas cosas que la crisis nos ha traído, en este caso se ha llevado, es nuestra preocupación sobre el cambio climático. ¿Increíble no te parece? Quién te iba a decir hace cinco años que el tema recurrente y preferido de disertación y especulación en los medios desaparecería como una pelusa de esas que nos acompañan de bajo de la cama, barrida por el huracán informativo de la precrisis, la crisis y la deseada postcrisis aún por llegar. Barrida por la destructora maquinaria político-bancaría que tan bien se está llevando por delante aquello que los políticos precrisis definían como estado del bienestar…
Ya no hay cambio climático, ¡mire usted qué bien! Y si lo hay a quién narices le importa.
Por escribir esto mismo hace cinco años seguramente se me hubiera caído el pelo a manojitos. Las plataformas ecologistas habrían montado guardia ante la puerta de mi casa para insultarme y tacharme de irresponsable y de asesino de miles de especies animales y vegetales tan sólo con mis palabras delirantes y, seguramente, la redacción del periódico, que ahora tienes entre las manos, tendría que haber hecho un comunicado público afirmando que me acababan de empalar en una antena, para después cortarme a pedacitos menudos y enterrarlos dispersos por la geografía nacional enharinados en cal viva…
Así de listos éramos hace cinco años y parece que seguimos siéndolo igual, o incluso más, ahora. Nada ha cambiado, y si lo ha hecho habrá sido sin duda a peor, pero no nos enteraremos hasta que, como siempre, sea demasiado tarde. Los miedos de hace varios años serán el pavor de los venideros cuando volvamos a comer sin aparentes sobresaltos, sin primas de riesgo sodimizantes, deudas púbicas y demás zarandajas que, no nos engañemos, cada vez nos recuerdan más a los cuentos que nos contaban de pequeños… ¡qué sube la prima de riesgo y el estado no puede vender deuda pública!… y tanto, tanto nos vienen con el cuento que sinceramente, lo han vuelto a conseguir; nos vuelve a importar un pito la actualidad y los problemas del mundo, y el día que una cadena de televisión reponga Kung Fu a la hora de los telediarios se llevará toda la audiencia porque para cuentos chinos que nos los cuenten los profesionales.
De la civilización a la anarquía más absoluta distan tan sólo siete comidas. Si no conocías este dato apúntatelo para cuando veas la despensa vacía y sólo tengas un limón seco en el frigorífico. Siete comidas diferencian a un ciudadano modélico, como tú o como yo, de un enloquecido salvaje que a golpe de barra de hierro irrumpe en una panadería para llevarse un mendrugo de pan a la boca y otro a la de sus hijos. Y esto no sólo lo sé yo, lo saben también los que mandan, los de verdad, esos que nunca aparecen en televisión pero que ya por suerte estamos empezando a sospechar por donde pueden estar escondidos. La mayor enseñanza que de la Francia de 1789 sacaron los poderosos es que si nadie conoce tu cara tampoco te la podrán separar del cuello el día que busquen a los culpables del fracaso del sistema y del triunfo de la miseria.
Y aún así seguirá perdurando la vida en el planeta porque no somos más que un instante en la historia, porque pasará esta crisis y las que están por venir, y el siglo XXI llegará a su fin, y los problemas seguirán existiendo, cada cual derivado de sus propias circunstancias. Posiblemente se descongelen los polos y nos tengamos que ir a vivir a las tierras altas del interior. Quizá nuevos cambios geológicos modifiquen el perfil del planeta. Quizá llegue el hombre a Marte. Y seguiremos destrozándonos el uno a al otro, seguiremos pisándonos por nuestro color, o por la razón que sea, favoreciendo a unos y condenando a otros porque así estamos constituidos y así quiso el azar evolutivo que fuéramos: estúpidos y desmemoriados.

17 may 2012

QUIERO A MI BATIDORA 2.0



¿Quién gana?


Ganar es una palabra, como tantas otras, que sirve para muchas cosas y que si la repetimos muchas veces acaba por perder cualquier sentido cabal más que el de recordarnos, vagamente, al nombre de un país africado.
Las palabras “ganar” y “ganas” parecen indisolublemente unidas la una a la otra por el azar fonológico e intrínsecamente consecuentes, pues la una es conseguir o lograr y la otra ansiar y codiciar.  ¿Pero todo el que ansíe algo lo ha de conseguir? La realidad nos obliga a agachar la cabeza y reconocer que unos más que otros. Que humanos somos todos, pero unos son más humanos que otros, y que aquel dicho castizo de “quien la sigue la consigue” está reservado a un grupo muy concreto de individuos conscientes de ser los elegidos, el caballo ganador de la “selección económica”, y que no habrán nunca de renunciar a las dádivas de su condición.
Esta puede ser una de las lecciones más crueles y dramáticas que aún nos quede por reaprender. Reaprender sí, porque una vez vivimos el sueño de la Libertad, de la Igualdad y de la Fraternidad. Llegamos a creer que el poder y la soberanía residía en el pueblo y que esto era bueno, que era real y para siempre, y que tras un dictador volvería a reverdecer la democracia, y que esta era la mejor de las formulas para que los seres humanos se desarrollaran en su máxima potencialidad. Y allí fuimos con el cuento democrático a evangelizar, como misioneros del “buen orden del mundo” a países oprimidos por el yugo de un caudillo político, religioso o petrolero. Y esto era bueno, y justificaba cualquier acción, como ya nos adelantó Maquiavelo.
Pero ahora dudamos. Muchos, los más imbéciles, que para todos hay un hueco, reviven viejas glorias de un pasado cercano en el que los campos de concentración, o los gulags, fueron la solución para esconder sus mediocres y asesinas conciencias. Otros, los irredentos, siguen luchando por un sistema que aún en crisis creen el mejor de los posibles sistemas y votan a uno u otro color, juegan al esconder y al “tú la quedas” y esperan que en un golpe de suerte las cosas cambien y todo vuelva a ser como antes de darnos cuenta que todo era mentira. Otros dudan y se quedan dudando, otros no aguantan las dudas y las subliman tocando la flauta o el tambor en fantásticas manifestaciones que no llegan a ninguna parte, porque bajo los adoquines no está la playa, están las cloacas y la imaginación no nos hace libres, nos hace infelices. Porque hemos perdido la capacidad de soñar, sólo imaginamos situaciones que recrean un ideal pre-crísis,  un algo que fue y no volverá a ser.
Y mientras los medios seguimos dando carnaza según el color de quien se publicite en nuestras páginas, porque todos tenemos que comer, aún queda mucha gente que no se ha dado cuenta de que mentimos, de que no hay verdad en nuestras palabras porque simplemente la verdad, aquella bandera por la que muchos dieron la vida, ya no existe tal cual la pretendemos. No podemos pretender buscar nuevas formas de pensar para encontrar la solución a viejas ideas. O cambiamos todo o no cambiamos nada y seguimos comiendo polvo sentados en nuestras casas, en las aceras, en los bares, en las paradas del autobús, en los colegios, en la cola del paro…
Es una lección terrible la que nos queda por aprender para poder, de una vez, dar un paso hacia delante, hacia el abismo, la guerra o lo que sea. Porque nunca estuvimos tan cerca de ninguna parte como estamos ahora. Tan sólo algunos de nuestros abuelos puedan dar fe de ello, pero no queremos escucharlos, porque nos da miedo, porque preferimos taparnos la cabeza mientras dormimos y cerramos nuestras puertas con tres cerraduras cuando el Sol baja por el horizonte. Es una lección terrible, sí, pero ya va siendo hora de que empecemos a interiorizarla: gane quien gane, perdemos todos. Coge algo más de aire y repite conmigo: GANE QUIEN GANE, PERDEMOS TODOS… Ahora ya podemos empezar a hablar.