25 jul. 2014

LAS MISERIAS DE MERCASEVILLA


(Entrada a Mercasevilla "salvaguardada" por la Policia Nacional)

Cuando llega a nosotros por cualquier medio las palabras “EREs de Andalucía” siempre nos suelen venir a la cabeza lindezas como “chorizos”, “mangantes”, “rateros” y cualquier otro calificativo al que desde hace tiempo nos tienen tan acostumbrados a invocar al ver cualquier telediario, escuchar un reporte de radio u ojear la portada de algún periódico.
Los “EREs de Andalucía” nos tienen tan cansados como Gürtel, Bárcenas, Urdangarín, y tantas otras palabras que jamás tendrían que haber existido y sin embargo penamos con el mismo dolor que cuando oímos las palabras: Rajoy, Mas, Rubalcaba, Cospedal, Wert, Montoro, y demás dolores de gónadas.
Los “EREs de Andalucía” han sido, y aún son, el Pepito Grillo del partido Socialista en España. Si el PP destrozaba la sanidad, le recordaba al PSOE: “EREs de Andalucía” y a callar. Si apuntillaba la educación y cercenaba los presupuestos de investigación, con decir “EREs de Andalucía” era bastante para no tener más oposición que un tibio “niño travieso no hagas eso”.
¿Pero alguien tiene la más remota idea de qué son exactamente los “EREs de Andalucía” y a quiénes afecta?
Cuando los medios, o los politicastros, usan este infausto binomio se refieren fundamentalmente al caso de los “EREs de Mercasevilla”, pero jamás se ahonda en el tema fuera de algunas generalidades, no menos ciertas que decir que el Sol calienta, como maletines, escuchas, mariscadas, corrupción, intrusos, y oscuros tejes y manejes de la Junta de Andalucía.
Al final, como diría el gran Harry Callahan, este tema, como la mierda de perro seca, se la llevará la lluvia y desaparecerá. Los responsables políticos, si es que alguna vez son sentenciados, serán absueltos con disimulo y reaparecerán como el maldito “pie de atleta” en algún lugar húmedo y sombrío de la administración pública, para seguir mamando de la gran teta que engorda sólo a unos pocos y que nos está secando a todos. ¿Pero somos tan ingenuos como para pensar que nadie está penando por culpa de la mala fe y la poca vergüenza de estos pocos que salvarán sus posaderas?
Mercasevilla es, y digo es a pesar de haber privatizado ya toda su gestión, una empresa mixta mayoritariamente pública. El 51% pertenece al consistorio sevillano, el 48% a la empresa estatal Mercasa y el 1% restante es capital privado. Así que el 99% de Mercasevilla es declaradamente público, y sería ingenuo pensar que cualquier cosa fraudulenta que pasara de puertas para dentro no tuviera responsables que fueran fácilmente identificables, imputables y sancionables.
La particularidad de Mercasevilla es que a pesar de ser una empresa pública al 99% sus trabajadores nunca gozaron del lujo de ser funcionarios públicos. La gestión de la plantilla siempre ha sido la de una empresa privada. Así pues llegado el año 2003 Mercasevilla S.A. promovió un Plan de Prejubilación, debidamente pactado con los representantes sindicales y la Junta de Andalucía para ofrecer la prejubilación a aquellos que reunieran ciertas características. 40 trabajadores se acogieron voluntariamente a este ERE en las siguientes condiciones: 89% del salario para los trabajadores entre 50 y 54 años, 93% para los trabajadores entre 55 y 60 y el 95% del salario neto mensual de la base reguladora que percibían antes de acogerse al ERE para los mayores de 60 años. Este plan fue financiado por Mercasevilla y la Junta de Andalucía, y hasta hoy nada ha cambiado para estos extrabajadores de Mercasevilla.
El “pero” de este asunto llegó con el segundo ofrecimiento de la empresa y la Junta de Andalucía al resto de empleados que cubrían el perfil para ser beneficiarios del mismo plan de prejubilación. En el año 2007 se promueve este en las mismas condiciones que el anterior de 2003. Este nuevo plan podía beneficiar a 63 trabajadores pero sólo 40 se acogieron voluntariamente al mismo. Tanto la empresa como los representantes sindicales y la Junta de Andalucía les garantizaron la fiabilidad del plan con sendos documentos oficiales firmados por ejemplo por el Director General de Trabajo y Seguridad Social en aquel entonces, el ahora imputado señor del PSOE Francisco Javier Guerrero, autorizando dichos pagos, igual que hiciera con el anterior ERE que con tanta puntualidad aún está llegando a los que se acogieron en el 2003.
Pero la realidad española se desplomó en el año 2008. Las razones son por todos sabidas y por los que ya sabemos, debidamente escondidas. Y junto al cataclismo financiero, asomaron como una infección purulenta, las pústulas de la omnipresente corrupción española en todos los estamentos que no pagaron lo suficiente como para mantener su nombre a buen recaudo.
El escándalo saltó a la palestra pública cuando el señor del PSOE Fernando Mellet, a la sazón Director General de Mercasevilla por aquel entonces, fue descubierto en unas grabaciones de audio donde exigía a unos empresarios hosteleros andaluces la suma de 450.000 euros a cambio de lograrles una ayuda de 900.000 para impartir cursos de formación.
Fernando Mellet era una de las firmas de peso de los EREs a los ya exempleados de Mercasevilla de los años 2003 y 2007. Pero el señor Mellet olvidó unas de las reglas básicas de la mafia, camorra, cosa nostra o Junta de Andalucía (como se le quiera llamar): “Si eres descubierto guarda silencio”. Mellet, asustando o ingenuo, o simplemente tonto, no tuvo otra ocurrencia que nombrar al señor del PSOE Antonio Rivas, exdelegado de Empleo de la Junta de Andalucía como instigador del intento de “mordida” a los hosteleros. Visto lo cual la maquinaria anti levantamiento de manta se puso a jugar en contra de todo lo que sonara a Mercasevilla antes de que “otras posibles irregularidades” comenzaran a apestar el banquete.

(Señores Mellet y Torrijos en plena reunión de trabajo, Torrijos era el Presindente del Consejo de Administración durante la gestión del señor Mellet)

Los medios de comunicación y los colores contrarios a los de la Junta de Andalucía comenzaron su labor de erosión, no tanto por una búsqueda de la verdad y de las responsabilidades, faltaría más, si no por la excelente carnaza política que este escándalo podía ofrecerles.
Los EREs, buque insignia de la gestión pública de Mellet pasaron bajo la lupa del escrutinio público y en noviembre de 2009, la Junta de Andalucía, por la razón que queramos imaginarnos, decide unilateralmente suspender el pago a los beneficiarios del ERE del 2007. La ley del hielo comienza a hacer efecto. En ese momento fue Mercasevilla la que asumió gran parte del pago a los prejubilados del 2007, recordemos, 40 trabajadores que voluntariamente habían firmado un contrato con la Junta de Andalucía y Mercasevilla. Obviamente los extrabajadores iniciaron las acciones legales pertinentes para que la Junta de Andalucía, Mercasevilla y la compañía aseguradora Banco Vitalicio (actual Generali) respetaran las condiciones contractuales del 2007, igual que estaban haciendo con las de 2003. Pero la realidad del status quo se impone. En noviembre de 2012 siete sentencias del Tribunal de la Sala de lo Social de Sevilla condenaron a Mercasevilla al pago de la totalidad de los EREs del 2007, pero en ningún caso hicieron responsables a la Junta de Andalucía del pago del mismo.
¿Qué significa esto? Recordemos que el 51% del capital de Mercasevilla es del Ayuntamiento de Sevilla, gobernado desde junio de 2011 por el señor del PP Juan Ignacio Zoido, y el 48% de su capital es estatal, de la SEPI, adscrito al Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de España, encabezado desde el 2011 por el también señor del PP Cristóbal Motoro. Esto es, de un plumazo los juzgados andaluces deciden librar a la Junta de Andalucía del muerto apestado de los EREs del 2007 de Mercasevilla. Obviamente no faltaron los ayes y golpes de pecho por parte del ayuntamiento de Sevilla. Y el señor Zoido al imponer un recurso contra estas sentencias ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía declaró: «No voy a consentir que los trabajadores de buena fe de Mercasevilla que se acogieron al ERE tengan un trato distinto al de tantos miles de trabajadores cuyas pólizas de seguro de rentas han sido respetadas por la Administración autonómica» Hermosas palabras sin duda, hermosas y tan vacías de afecto como el beso de una prostituta en un burdel de guerra.
Hoy, los 37 extrabajadores acogidos al plan de prejubilación de 2007, tres han fallecido ya, penan por los juzgados  y los pasillos de la administración pública andaluza. La última sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, promovida por el recurso interpuesto por señor Zoido afirma que el ERE del 2007 es ilegal por abusivo y fraudulento y exonera a Mercasevilla de tener que pagar a los trabajadores y reclama a los 37 de Mercasevilla a devolver todo lo cobrado indebidamente. ¿Qué es esto de indebidamente? Pues todo lo cobrado por encima de los 45 días por año trabajado, que es la indemnización máxima legal por despido improcedente según la ley vigente en 2007. ¿Despido improcedente? Pues sí, el Tribunal de la Sala de lo Social de Sevilla fue capaz de librar del muerto a la Junta de Andalucía, y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha sido capaz de librar al Ayuntamiento de Sevilla de cualquier responsabilidad. Ni PP ni PSOE son responsables. ¿Quién lo es entonces? Obviamente los extrabajadores de mercasevilla, los que voluntariamente firmaron en 2007 un plan de prejubilación con Mercasevilla y La junta de Andalucía y que de la noche al día, resultó ser un despido improcedente. Claro, sólo el del 2007, no el del 2003, ni el de “de tantos miles de trabajadores cuyas pólizas de seguro de rentas han sido respetadas por la Administración autonómica” fin de la cita.
Esto es lo que durante varios años no se ha contado. Cada poder afectado ha expuesto la parte del cadáver del otro que para sus intereses más convenía. Pero en este juego mafioso de la política y la justicia española si alguien tiene que salir mal parado, no lo olvidemos, jamás serán ellos. 37 personas se acogieron a un plan de prejubilación que su empresa les ofreció, no lo pidieron, no lo negociaron, se lo ofrecieron con todos los avales y garantías posibles. Aceptaron, y ahora, en lo que debía ser su retiro no hacen más que penar de un sitio a otro topándose con la deshumanización de un sistema que los ha utilizado a su antojo para desprestigiar al prójimo y, ya agotado el filón y próximos otros escándalos que entretengan a la plebe, los desecha, arrincona, olvida y los condena a la miseria. Esto es España.

(Rafael Domínguez, presidente del  comité de empresa consolando a una extrabajadora)

11 abr. 2014

"CÓMO FUNCIONA FACEBOOK, O CÓMO LAS OVEJAS SIGUEN SIENDO OVEJAS”


En 1972: Se realizó la primera demostración pública de ARPANET, una nueva red de comunicaciones financiada por la DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) que funcionaba de forma distribuida sobre la red telefónica conmutada. El éxito de ésta nueva arquitectura sirvió para que, en 1973, la DARPA iniciara un programa de investigación sobre posibles técnicas para interconectar redes (orientadas al tráfico de paquetes) de distintas clases.
Para este fin, desarrollaron nuevos protocolos de comunicaciones que permitiesen este intercambio de información de forma "transparente" para las computadoras conectadas. De la filosofía del proyecto surgió el nombre de "Internet", que se aplicó al sistema de redes interconectadas mediante los protocolos TCP e IP.
INTRODUCCIÓN
Internet nació de la necesidad de comunicación entre computadoras para ahorrar costes de duplicidad de equipos en el ámbito de la investigación informática profesional, en un principio, entre determinados colectivos separados geográficamente. De aquí dio el salto inmediatamente al ámbito de la comunicación personal y lúdica de la mano del desarrollo de más y más tecnologías on-line que fueron enriqueciendo y aumentando el grueso del mundo digital. Paradójicamente el uso de los primeros correos electrónicos ya se había desarrollado en 1961 aunque la “@” no se empezara a utilizar hasta 1971.
Pero el ser humano no evoluciona con la rapidez que lo hace el mundo virtual. El ser humano tiene la misma estructura y composición biológica y cerebral desde hace doscientos mil años, como bien nos recordaría el filósofo José Antonio Marina. Esto es, somos, básicamente, hombres de las cavernas con computadoras y smartphones de última generación; pero trogloditas al fin y al cabo.
Y como hombres primitivos que somos, seguimos rigiendo nuestra conducta, sin ser conscientes de ello en la mayoría de la ocasiones, por una serie de canales y necesidades que no han cambiado mucho en los últimos milenios. ¿Cómo afectará este particular al modo de uso de las redes sociales, tan artificiales a nuestra anatomía cerebral como un tercer brazo? ¿Habremos desarrollado las habilidades suficientes para hacer uso de las mismas sin riesgo? ¿O son estas nuevas herramientas las que nos están obligando a cambiar? y si esto así ¿lo conseguiremos? ¿O la ilusión de la comunicación universal esconde intereses que desconocemos, o no queremos darnos cuenta? ¿Es el mundo virtual un correlato del mundo real y físico?
Muchísimas son las dudas que pueblan este nuevo mundo virtual, pero no queramos ver en estas dudas un ejemplo arquetípico de misoneísmo. El miedo a lo nuevo no debe ser el motor de esta reflexión, sino la duda razonable y metódica que nos invite a saber exactamente a qué nos enfrentamos. Constantemente hacemos uso de las novedades tecnológicas sin saber cómo funcionan en sí. Encendemos la luz sin saber a ciencia cierta cómo funciona el flujo de electricidad que recorre el cable de cobre hasta la bombilla, y aceptamos simplemente que funciona y nada más. Allí donde antes dirían magia nosotros sabemos que es ciencia, aunque no sepamos explicarlo. ¿Pero, y si en el invento de las redes sociales hubiera en juego otros factores que se nos escaparan de las manos, no sólo desde un punto de vista tecnológico? ¿Y si hubiera un trasfondo psicológico, o antropológico, que debiéramos conocer claramente y que estamos pasando por alto?
¿QUÉ PUEDE APORTARNOS UN PENSAMIENTO AUTÓNOMO Y CRÍTICO RESPECTO A LAS REDES SOCIALES?
Intentemos acercarnos a nuestro objetivo desde una metodología sencilla pero eficaz. La pregunta y la duda, el pensamiento crítico que no deja al azar, o a lo dado por hecho, el actuar libremente. Pensar que las cosas son porque son, porque siempre han sido, o porque alguien nos dijo que se enteró que eran así, es la mejor manera para seguir pensando que la Tierra es plana y que tras la línea del horizonte habitan monstruos arcanos que devoran a los marineros que osan adentrarse en esas negras y frías aguas.
Si como “animales humanos” no nos situamos en el pensamiento crítico y autónomo; del binomio sólo nos corresponderá lucir para nuestra vergüenza el sustantivo “animales”. Desde hace 200.000 años el ser humano se ha esforzado en aportar soluciones a sus dudas y miedos. Primero desde la interpretación de la naturaleza como un elemento vivo y mágico cargado de fuerzas desconocidas. Posteriormente desde la creación de mitos dependientes de entidades a las que se dotó de poderes, aún teniendo aspecto de hombres y todas sus debilidades de carácter. Posteriormente reduciendo todos estos dioses a uno sólo omnipotente, omnipresente y omnisciente en la cultura occidental. Y finalmente, y tras 2500 años de desarrollo del pensamiento filosófico-científico, lo que para Newton era la Filosofía Natural, el “animal humano” descubrió que con su sola razón, la observación, y la experimentación, podía deshacerse del pensamiento mítico que durante 200.000 años lo acompañó para poder interpretar la naturaleza y, ahora sí, modificarla y expandirla más allá de sus fronteras redundantemente naturales.
Así que usemos la pregunta filosófica por excelencia ¿por qué? ¿Por qué de la existencia de las redes sociales? ¿Por qué tienen tanto éxito? ¿Qué consecuencias tiene este auge de las redes sociales en todos los aspectos posibles, sociales, personales, mercantiles, tecnológicos, etc...? Y finalmente, ¿Cuál es el uso óptimo que debemos dar a esta herramienta?
¿POR QUÉ DE LA EXISTENCIA DE LAS REDES SOCIALES?
Muchas pueden ser las razones para que un invento funcione y otras muchas, de igual manera, para que fracase. Los aztecas gustaban del juego de la pelota con fruición, así pues para ellos la forma circular era más que conocida y sabían de su facilidad para rodar, de hecho esa forma era muy utilizada en otros menesteres, pero jamás se plantearon el uso de la rueda como elemento que facilitara la motricidad, más allá de algunos juguetes infantiles. La unión de los factores no fue suficiente para hacer saltar la chispa creadora.
Así pues para el desarrollo de las redes sociales se tuvieron que encontrar dos factores fundamentales; las circunstancias tecnológicas suficientes para el desarrollo de las mismas y el interés manifiesto de desarrollarlas utilizando las posibilidades técnicas. Y esto que parece una majadería es el “quid” fundamental de todo invento. Recordemos que Leonardo Da Vinci realizó infinitos diseños de maquinas, tanto de guerra, como otros ingenios mecánicos o voladores, y en muchos casos la imposibilidad de la realización de los mismos se debía a la falta de materiales y técnicas de construcción de la época, esto es, había la intención de crear pero no los medios que lo permitieran.
¿Pero era suficiente esta unión de factores para asegurar el éxito sin paragón que las redes sociales han experimentado desde su invención?
Al ingenio tecnológico y creativo se sumaron la predisposición de una generación ávida y conocedora del consumo virtual de nuevas plataformas y productos. Recordemos que ya desde 1990, año de la creación de la mensajería instantánea y de chats ICQ, el uso de internet para cuestiones de comunicación privada se había disparado exponencialmente. A la expansión de ICQ siguieron en 1998 otras plataformas como MSN o YAHOO que también daban servicios de chat, junto al popular servicio de mensajería instantánea. Estos primeros chats fueron en gran medida los impulsores de varios fenómenos que se difundieron de forma asimétrica, los foros, los blogs y los espacios propios o perfiles personales (origen en parte del interface de las redes sociales). Pero la época dorada de los chats culminó con el abuso de los mismos. El más popular y diverso de todos, el chat de MSN, canceló sus servicios a finales de 2003 por, según la versión oficial, la proliferación de redes de pederastas y otros malos usos del servicio. Curiosamente la competencia, YAHOO, mantendría similar servicio de chats durante nueve años más hasta el 14 de diciembre de 2012, un año después a esta fecha MSN también cerraría su popular servicio de Messenger fusionándolo con el más avanzado SKYPE.
Pero el germen de las redes sociales ya estaba sembrado y toda una generación de cibernautas tenían en su memoria la existencia de estas proto-redes desde que se asomaron por primera vez a Internet.
El uso de los foros se popularizó como un espacio libre de comunicación más o menos especializada. Primero, como espacio de encuentro personal para, posteriormente, definirse como espacios para consultas específicas sobre todo tipo de cuestiones. Los Blogs, por su parte, fueron la realización del deseo de publicación de muchos internautas a los que los foros se les quedaban pequeños. En un principio el ansia de interactividad convirtió a los blogs más visitados en generadores de opinión para, poco a poco, tras la irrupción de las redes sociales, quedarse relegados como repositorios de información y soporte gráfico, más que como generadores de controversia.
Pero todos los sistemas de chat y mensajería instantánea ofrecían una posibilidad de auto- publicitarnos. En todos ellos el usuario podía publicar y editar su perfil. En este perfil se podían subir fotos (al principio sólo una), hacer comentarios personales, poner algunas líneas de currículum, y contar en breves palabras lo maravilloso y buena persona que uno era con el fin de que otros usuarios, normalmente del sexo contrario, nos invitaran a unirnos a su chat o a su servicio de mensajería instantánea. ¿Esto ya nos va sonando más verdad?
En el 2003, mismo año de la desaparición del chat MSN, apareció la primera de las redes sociales, tal como hoy las conocemos, MYSPACE. Y se desata la locura de las redes sociales, MYSPACE es un escaparate de promoción muy sabiamente diseñado para tal efecto. Y así multitud de artistas (músicos fundamentalmente) utilizaron esta plataforma para aumentar su popularidad. En 2005 es vendida por quinientos millones de dólares pero la aparición de FACEBOOK en el panorama internacional en 2007 desbancó a MYSPACE y, como todo en el mundo virtual, lo redujo a su mínima expresión, en 2011 MYSPACE fue revendido por treinta y cinco millones de dólares y paso de tener mil seiscientos trabajadores a doscientos. Hoy por hoy MYSPACE está dejando de ser una red social para convertirse en un portal de música.
Aunque los orígenes de FACEBOOK son un tanto caóticos y contradictorios, entre juegos y estrategias para encontrar parejas sexuales, lo que es una realidad es que actualmente cuenta con más de mil millones de usuarios en todo el mundo y es, con diferencia, la red social más activa y rica en cuanto tráfico de información, fotografías, videos y todo tipo de material susceptible de ser subido a la red. Pero la posibilidad del balancear e impulsar un contenido con una clic (ME GUSTA) o una opinión (COMENTARIO) siguen en el germen de FACEBOOK desde su creación, medio ebria, por Mark Zuckerberg hace una década. ¿Pero es el pulgar azul hacia arriba lo que realmente marca la diferencia entre el éxito de esta red social sobre las demás opciones, HI5, TWITTER, MYSPACE... etc? ¿Tanto nos importa lo que piensen los demás de nosotros como para que una séptima parte de los habitantes del planeta tierra participen de este juego virtual? ¿Somos conscientes que cada uno de nosotros aporta un valor de un dólar y medio a una empresa que cotiza en el NASDAQ?
¿POR QUÉ TIENEN TANTO ÉXITO LAS REDES SOCIALES?
Es obvio que el terreno estaba ya abonado para recoger una buena cosecha. La tecnología estaba creada y probada, la necesidad también latía en el ambiente, y toda una generación de jóvenes nacidos en la era virtual y adultos de mediana edad, con suficientes conocimientos informáticos, eran los potenciales clientes de la nueva red social que estaba por explotar. ¿Pero es esto motivo suficiente para, en menos de seis años, seducir a un séptimo de la población mundial? ¿Qué otros resortes despertó FACEBOOK para conseguirlo? ¿Lo sabían sus inventores o fue como el descubrimiento de la penicilina, una acción fortuita en el mejor de los momentos posibles ante las personas que supieron interpretarlo debidamente?
Para analizar este fenómeno analicemos las necesidades del “animal humano” tanto como individuo singular (o que se cree singular) y como colectivo.
LA TRIBU HUMANA
El ser humano no habría salido jamás de las cuevas sin, entre otras muchísimas carambolas evolutivas y azarosas, la capacidad de expresión y la de convivir políticamente. Estas capacidades van mucho más allá de las simples capacidades biológicas, y sus bondades inmediatas. Para que un ser humano se desarrolle en la completa actualización de sus potencialidades es imprescindible que ambas capacidades sean, a la par, necesariamente cubiertas. Esto es, ningún “animal humano” es capaz de dejar de ser animal si no se desarrolla con otros seres humanos que lo enseñen y eduquen, y de los que aprenda a su vez, y que, además, pueda relacionarse con ellos a un nivel de transmisión de pensamientos e ideas abstractas.
Algunas personas se llevarán las manos a la cabeza sólo por haber leído estas palabras. ¿Pero es que está diciendo que un ser humano que no se crie entre humanos deja de ser un ser humano? Pues sintiendo enemistar a los más aprensivos tendremos que decir que en su definición legal no dejará de ser un humano de pleno derecho, pero si en su condición constitutiva. Esto es, tendrá todos los derechos inherentes al ser humano dependiendo del país en el que naciera, pero no actuará como tal, ni podremos tratarlo como tal. Y para ejemplificar este particular recordemos el famosísimo caso de “Víctor de Aveyron” más conocido por el niño lobo o “El pequeño salvaje” por la película del francés Francois Truffaut.
El caso de Víctor no es un caso aislado. Muchos son los casos de niños ferales encontrados pero este caso, por estar especialmente bien documentado merece la pena ser rememorado. Víctor fue encontrado en Aveyron, cerca de los pirineos franceses, estaba desnudo, era 1799. Aparentaba unos doce años y se comportaba exactamente como un animal. No sabía hablar y no hacía otros ruidos más que gruñir, se movía de forma espasmódica y no era capaz de permanecer quieto sin balancearse sobre sí mismo. En un principio lo dieron por retrasado mental o loco, pero un joven doctor se ofreció a educarlo. La labor fue imposible y frustrante. Víctor aprendió a vestirse y poco más, de alguna manera su periodo de aprendizaje había pasado. Su cerebro ya no estaba receptivo. Jamás pudo hablar, y no era capaz de expresar otras intenciones que no fuera las de la autocomplacencia. Siempre intentó escapar, volver a la naturaleza, aunque ya no pudiera ser autosuficiente como antes lo había sido. Víctor murió en 1828 sin jamás pronunciar una oración simple.
Son muy controvertidas las teorías sobre el aprendizaje del habla, pero lo que sí es cierto es que en todos los casos de niños salvajes que se conocen, ninguno fue capaz, no sólo de hablar, si no de formar parte de la sociedad. Sin el contacto de la sociedad, de nuestros congéneres, por muy bárbaros que estos nos puedan llegar a parecer, no dejamos de ser animales, animales inteligentes sí, pero no tanto.
Así pues en nuestra constitución como seres humanos está grabada a fuego la necesidad de pertenencia a la comunidad, a la tribu, pues es la tribu quien nos educa, quien nos protege y a la que debemos, en gran medida, ser como somos. Y qué nos diferencia, fundamentalmente, del resto de los animales; nuestra capacidad aprendida de hablar, de expresarnos mediante un lenguaje articulado capaz de expresar ideas abstractas, situaciones en diferentes tiempos, deseos, miedos, y todo un sinfín de creaciones.
No es de extrañar entonces, que cuando un régimen totalitario desea alienar de su esencia al pueblo al que oprime las primeras libertades que anule sean la libertad de expresión y asociación. Y esto es tan trágico como real. Estas libertades “democráticas” son en realidad necesidades consustanciales y constitutivas de los “animales humanos”. La supresión de estas libertades sume al pueblo que lo padece en la ignorancia, la ignominia, el ostracismo y el sometimiento más servil. Toda revolución ideológica, progresista, social, se ha conseguido de la mano de estas dos libertades desarrolladas en la máxima expresión de su época.
¿Entonces qué efecto tendrá en nosotros la irrupción en nuestras vidas de una herramienta informática que precisamente parece que nos brinda eso mismo, la libertad de expresarnos y la de reunirnos con quien nos apetezca en el ciber-mundo? Euforia, sin duda. Esa es la promesa de las redes sociales, y más especialmente, de FACEBOOK. Euforia ante el espejismo de la libertar de comunicación y asociación a un clic de distancia, sin la necesidad de romper con las barreras de nuestra pereza, timidez o nuestra simple y contundente vagancia.
Decía un refrán oriental que el mal se encuentra en los caminos rectos, porque estos nos llevan sin dificultad, sin trabajo, a donde queremos llegar. Y que debemos procurar los caminos sinuosos y circundantes porque en ellos está el aprendizaje. Gracias a ellos podremos disfrutar con más gusto de nuestros logros... Nada más alejado de nuestra realidad ¿no es cierto? Parece que hemos descubierto la prisa, la inmediatez. Donde antes se imponía la paciencia ahora se impone el “¡Ya!” “Lo quiero para ayer” y claro, las prisas vienen con sus propios tropiezos. No es que seamos descuidados, somos vehementes y no hemos calculado aún el alcance de nuestros deseos.
Una de las consecuencias más conocidas de la unión de estos factores es el “Phishing”, término británico para definir la usurpación de personalidad, tan de moda en las redes sociales. Pero esto es un mal menor que, a lo sumo, sólo acarrea algunos corazones rotos, alguna noche de lágrimas, y para los más sensibles unas cuantas borracheras y visitas al psicólogo. Obviamente esto no es más que una banalización de la cuestión, y de seguro más de uno conoce alguna consecuencia dramática de un caso de phishing, pero insisto, no deja de ser una mera anécdota efectista, los problemas han de venir por otro lado y seguro son más generalizados de lo que creemos o quisiéramos.
 EL ANIMAL HUMANO
Ya hemos visto que las redes sociales han conseguido imbricar profundamente, aunque quizá por mera casualidad, en dos de los aspectos esenciales de nuestra constitución como animales-sociales y comunicativos. Pero salvado ya este aspecto, ¿cómo nos afecta en lo personal, más concretamente en lo emocional, en esa parte tan vital y constitutiva de nuestra identidad?
Nos preguntábamos más arriba sin tan importante era para nosotros lo que piensen los demás, sin tanto anhelamos el reconocimiento público. Para contestar a esta pregunta vamos a rescatar al psicólogo humanista norteamericano Abraham Maslow.
El animal humano ha sido estudiado desde diversos prismas y objetivos durante toda nuestra historia. Biológicamente, fisiológicamente, metafísicamente, desde una visión forense, etc... Pero será Maslow el primer psicólogo que se acerque a la mente de humano sano, no enfermo, para analizarlo y comprender cómo funciona, o mejor dicho, qué lo impulsa a actuar como lo hace. Para dar con la contestación a estas cuestiones desarrolló toda una teoría llamada Psicología Humanista, a medio camino entre el conductismo y el psicoanálisis, que ofreció una tercera vía antes no conocida.
Según la psicología humanista, todos los seres humanos albergamos el deseo de poder desarrollar todo nuestro potencial en algún momento de nuestra existencia, esto es, de autorrealizarnos. Pero esta necesidad de autorrealización no es azarosa ni casuística, y responde a un orden jerárquico, más o menos universal en íntima relación a nuestro modelo cultural y nuestro desarrollo como especie. Esta jerarquización queda perfectamente plasmada en la, ya famosísima, pirámide de Maslow.

Si le echamos un vistazo a la pirámide no necesitaremos gran talento para ver cómo del más elemental nivel al más elevado no sólo hay una evolución histórica, también la hay cultural.
Me resulta complicado imaginarme a un antepasado nuestro huyendo de un dientes de sable por la sabana africana enfrascado en cuestiones y disquisiciones morales. Supongo que Maslow también vería esto complicado. Esta jerarquización de las necesidades va de la mano de la sofisticación cultural y, obviamente en el siglo IV antes de Cristo sería harto complicado que cualquier ateniense de a pie alcanzara el cuarto de los niveles descrito por Maslow. Históricamente éste nivel, por no hablar del quinto y último, estaba reservado a una elite social muy determinada. Si pusiéramos los ojos en la Atenas del siglo IV antes de Cristo sólo pro-hombres como Pericles, algunos deportistas olímpicos o algunos filósofos podrían gozar del respeto, el éxito y el reconocimiento. Aún en pleno siglo XX, con el estallido de los medios de comunicación de masas, este cuarto nivel ha estado siempre al alcance de una minoría. Militares, políticos, literatos, deportistas, gentes del mundo del cine, cantantes, toreros, multimillonarios... seguro que al nombrar esta ristra de “ocupaciones” y “oficios” no faltan ejemplos para rellenar algunas páginas con personajes “famosos” que respondan a estas descripciones. Famosos o celebridades, esa es la palabra con la que definimos a estas personas que gozan de la confianza y simpatía de todos, que son reconocidas, que son exitosas. ¿Quién no ha fantaseado alguna vez en su vida con ser uno de esos nombres en boca de todos? ¿A quién no le gustaría ser reconocido por hacer tal o cual cosa digna del respeto y la admiración de los demás?
Pareciera que el animal humano llevará a fuego grabada la necesidad de ser “alguien”, de dejar huella en los demás y sobre los demás, y tampoco faltan ejemplos para esto último.
ERGO…
¿Cómo habrá afectado la irrupción de las redes sociales ahora que ya conocemos un poco mejor las causas que nos impulsan a hacer muchas de las cosas que hacemos? Lógicamente la posibilidad de darse uno a conocer y ostentar un número ingente de “amigos” o “seguidores”, sin destacar uno especialmente en nada, ha sido, en parte, acicate suficiente para millones de personas para subirse al carro de las nuevas tecnologías.
Un “me gusta” o un comentario de un “seguidor” nos hace sentir que somos “alguien”. Que existimos, que nos tienen en cuenta, que nos respetan. Tener cuatro millones de “me gusta” o un millar de comentarios de “seguidores” nos hace creer que hemos entrado en el club de los elegidos, en una élite social a la que, por nuestros propios méritos, no deberíamos pertenecer. Pero en el mundo virtual todo cambia, se puede ser un generador de tendencias, aunque sea por repetir eslóganes de otros, imágenes y chistes ya hechos, o repitiendo clichés políticos que sólo buscan el arrebato momentáneo y sentimentalista. El ego es el ego y no tiene paladar que diferencie entre el reconocimiento por nuestros méritos, o nuestros “logros” en las redes sociales. El éxito es éxito ¡y punto!
Y porque en la red social nos encontramos con ese grupo al que necesitamos pertenecer, como bien llevamos en nuestro ADN. Porque en la red social podemos comunicarnos libremente, porque podemos ser nosotros mismos (cosa más que cuestionable), porque en la red social podemos lograr completar ese cuarto nivel del que Maslow nos habla, ese cuarto nivel al que creímos que nunca llegaríamos, esa posibilidad de meternos en el Olimpo de los elegidos. Y todo esto sin tener que salir de casa, si tener que sudar, sin tener que hacer otra cosa más que estar siempre ahí, frente a una máquina alimentando sus tripas con nuestras cosas. Y además, para mayor orgasmo de nuestro onanismo mental que nos hace creernos únicos y, a la vez inteligentísimos, nos entretiene y es “gratis”...
FELICIDADES, ¡TRABAJAS PARA UNA EMPRESA MULTINACIONAL!
Creemos que el uso de las redes sociales se encuentra en el espacio de nuestro ocio y nuestra evasión. Es una herramienta que se nos brinda gratuitamente y nos permite relacionarnos con nuestros amigos y nos aporta reconocimiento, respeto, confianza... éxito. El invento que nos ha regalado el mundo virtual es perfecto, nos completa, se adapta como un guante a las que, como ya hemos definido, son nuestras necesidades primarias como especie e individuos históricos y culturales.
¿Pero qué es una red social a nivel de estructura, al más puro nivel informático, como programa? Si analizamos, por ejemplo, una página personal de Facebook y somos capaces de ver más allá de las fotos y comentarios, más o menos interesantes o acertados, estaremos frente a una página vacía de un editor de textos avanzado que permite cierta interactividad.
Una red social es, básica y groseramente hablando, una página en blanco de Excel a la que vamos dotando de contenidos y, de suyo, sólo tiene publicidad. El esperado efecto del comentario, del “me gusta”, sólo se dará cuando mi cuenta de “amigos” o “seguidores” sea lo suficientemente abultada como para que ante un comentario, o una foto o un video, medianamente aceptable que yo suba, la masa crítica, por pura probabilidad estadística, propicie que suceda el tan esperado acontecimiento. Pero nosotros no somos tontos, así que pronto descubrimos que si queremos más interacción en nuestra página debemos aumentar sensiblemente el número de posibilidades de que esto suceda. ¿Cómo? Pues con más amigos, y alimentando también sus egos por medio de comentarios esporádicos en sus publicaciones. Quid pro quo. Y así entramos en la dinámica, más o menos, adictiva, dependiendo de cada cual, del juego de las redes sociales.
Pero retomemos el concepto de la red social. Nosotros dotamos de contenidos a la estructura hueca de la red. Nosotros propiciamos la interacción y el proselitismo entre nuestros “amigos” y nosotros mismos. Nosotros subimos imágenes de nuestra vida cotidiana, hablamos de nuestros intereses, de nuestras vacaciones, de dónde y con quién nos gusta estar y qué nos gusta hacer. Redactamos nuestras propias crónicas de los hechos que nos perturban, o nos emocionan o nos causan repulsión. Básicamente, si abres bien los ojos, ofrecemos un resumen bastante acertado de nosotros mismos, de nuestras tendencias gustos y aficiones, de nuestros intereses y deseos. Según un estudio del año 2011 de McKinsey & Company un español pasa de media 68 minutos diarios atendiendo a sus redes sociales, ya sea ante una pantalla grande o desde su smartphone. Más de una hora diaria trabajando gratuitamente para una empresa que cotiza en el Nasdaq (la bolsa de valores electrónica más grande de E.E.U.U.). Mil millones de usuarios son “amigos” de alguien mediante Facebook en el planeta tierra. Mil millones que suponen 1.5 dólares por usuario como valor mercantil en su primer día de salida a bolsa.
Así que sin querer darnos cuenta cada vez que actualizamos nuestra red social estamos reforzando, una y otra vez nuestra necesidad de reconocimiento. Pero, además, dotamos de contenidos a una estructura mercantil que sin nuestra participación estaría vacía, hueca y sin valor. Y esto tampoco es gratis. O seremos tan ingenuos de creer que esta empresa, teniendo en su haber la mayor base de datos mundial de clientes de cualquier producto, idea o tendencia, y siendo suyos los derechos de hacer con aquello que subimos lo que quieran, no va a mercadear con semejante información. Esto es, de todo aquello que colguemos, fotos, comentarios, artículos, perdemos la propiedad intelectual. Cada vez que lo hacemos público en la red social nos regalamos un poco a alguien que sabe rentabilizar en dólares ese presente. ¿Así que por qué no exprimir mucho más a la gallina de los huevos de oro?
Todos los usuarios de las redes sociales trabajamos, de forma voluntaria y gratuita, en una empresa multinacional privada que, además, saca partido de nuestras necesidades tan convenientemente saciadas en la propia red. Y nuestro trabajo sí que es gratuito, claro que ninguno nos damos cuenta del negocio porque, aparentemente, en realidad, ni siquiera nos lo hemos olido, ¡y eso que somos tan listos! Nuevamente el animal humano vuelve a hacer gala de su cerebro de hace 200.000 años que se entretiene alucinado disfrutando de los espejitos que ponen ante nuestras narices mientras otros, más listos pero con el mismo cerebro, nos roban algo que es nuestro y no deberíamos haber puesto jamás en venta, por mucho que nos satisficiera fanfarronear.
OK, LAS REDES SOCIALES SON UN NEGOCIO, PERO ESO NO ES MALO DE POR SÍ, ¿O SÍ?
Un cuchillo de punta redonda para untar mantequilla en el pan es una herramienta inofensiva en las manos de la mayoría de nosotros, pero el mismo cuchillo en manos de un talibán con un periodista de la NBC de rodillas y amordazado a sus pies tiene otra dimensión absolutamente diferente. El uso que hagamos de la herramienta es el que determinará el grado de afectación, permisividad e injerencia de la misma en nuestras vidas.
Es obvio que para la red el negocio está servido. La empresa da mantenimiento a una estructura hueca que el sujeto rellena con sus datos personales, su identidad, su privacidad, su intimidad, sus pasiones y vicios, sus ideas políticas... Tiene un espectro de información tal de los sujetos que la componen que su activo es puramente productor, publicidad, encuestas, intenciones de compra, de voto, manipulación de masas, y control e intromisión en la vida privada con los fines de lo más exóticos. Lo que quieran, porque además les dejamos y pareciera que nos gusta. Pero además somos un bien de cambio gratuito, ¿alguien se ha parado a pensar qué significa que desde el momento que publicas una foto en Facebook pierdes todos los derechos sobre la misma? Pues que bien pueden usar una foto tuya con dos copas de más haciendo el tonto, o la tonta, para una campaña en contra del alcoholismo, u otra en la que salgas en la playa en traje de baño para una campaña en contra de la obesidad. Esto es un ejemplo burdo, pero la realidad es que estamos indefensos ante cualquier deseo de utilizarnos a nosotros como bien de cambio, o a nuestros productos.
¿QUÉ SUPONE ESTO PARA EL SUJETO, PARA EL ANIMAL HUMANO?
Ajenos al mero divertimento lúdico que creemos estamos haciendo de la herramienta con el único objeto de saciar los fines ya desarrollados anteriormente, y ya aclarado el afán comercial que encierra toda red social, debemos acercaros un paso más hacia la realidad contingente del animal humano: El sujeto se expone en la red social de forma absoluta. ¿Y qué significa esto?
Es obvio que navegamos con la ingenuidad por bandera en el mundo de las redes sociales. Hasta hoy creíamos que era la solución a muchas de nuestras necesidades. Necesidades de comunicación, de pertenencia a un grupo, de reconocimiento y éxito. Pero hoy nos han recordado que seguimos utilizado un cerebro de hace 200.000 años al que no le ha dado
tiempo de evolucionar convenientemente para poder jugar en igualdad de condiciones en pleno siglo XXI. Un cerebro que sigue actuando en base a unos parámetros anteriores a la última glaciación, que no diferencia con claridad lo virtual de lo real y que esto, muy a nuestro pesar, tiene un coste. ¿Pero qué más arrastramos en esta travesía por aguas ignotas?
NUESTROS “YOES”
Es normal que justo antes de la adolescencia empiece el animal humano a desarrollar las diferentes facetas de la proyección de su personalidad hacia los demás. Lo que antes se hacía por instinto, por precaución, se convierte en este momento en un arma de ocultación y de juego social. En esta edad podemos desarrollar diferentes roles de conducta en virtud de determinadas circunstancias. No somos el mismo “yo” en nuestra casa con nuestros padres, en el colegio ante el profesor o con nuestros amigos, ante la niña o niño que tanto nos gusta y creemos estar enamorados, o en cualquiera sea la tesitura. Habrá quien logre dominar esta suerte de mascaras y habrá otros que, infelices, no sean capaces de desarrollar estas habilidades sociales, es lógico, no todos los seres humanos miden dos metros, ni todos pueden correr los cien metros en menos de diez segundos.
Con los años, y la experiencia, este juego de máscaras se vuelve tan natural y consustancial que rara vez nos lo planteamos ni cuestionamos. Es como respirar, nadie se imagina yendo a comprar el pan a una panadería, que no sea la de toda la vida, e intentar intimar con el tendero, ni siquiera para pedirle el pan fiado. Si alguna vez se dan estas relaciones atípicas que rompen el orden lógico de nuestra conducta suele ser en circunstancias que sabemos únicas y que no se repetirán, al menos junto a la misma persona, como montados en un avión o viajando en un taxi.
Estamos conformes, entonces, que sabemos bien cómo, cuándo y cuánto mostramos de nosotros mismos en virtud de la situación y el grado de relación que se establezca con personas con las que en ese momento nos encontramos.
Así que convengamos en este momento que si nos encontramos en una situación ante desconocidos, o sólo conocidos, podemos decir que mostramos un “yo público”, un yo más o menos discreto con su vida personal que no muestra más que algunos datos singulares sin entrar en grandes honduras. Podemos decir nuestro nombre, a qué nos dedicamos, de dónde venimos, si es que nuestro origen no nos avergüenza, nuestra edad, o algún dato más personal como nuestro estado civil. Pero esa será nuestra zona de confort y sólo si pretendemos conseguir algo más de la situación daremos un paso más allá.
Convengamos también que el “yo privado” es el siguiente paso. Es el “yo”, el “nosotros”, que se relaciona con la familia, con la pareja, con el círculo de amigos. Es el que permite la intromisión (con reservas siempre) en las cuestiones personales. El que pide consejo, el que se atreve a reflexionar en voz alta, a dar una opinión comprometida sin miedo al rechazo. Es el yo que se sabe protegido, más seguro, en una zona de confort relativa. Claro que no exento del conflicto, laboral, familiar o de pareja. Pero en definitiva es donde más cómodos solemos sentirnos pues tenemos la sensación de controlar la mayoría de las variables.
Pero hay otro yo al que no nos gusta tanto mirar. Convengamos, por última vez, que lo llamamos “yo secreto” o “íntimo”. Aquí nos cuidamos muchísimo de dejar entrar a cualquiera. Este yo esconde nuestros miedos y complejos, nuestros secretos inconfesables que no son más que miedos al rechazo, nuestras fisuras y debilidades. Aquí damos visa de entrada a muy poca gente, nuestra pareja en algún momentos si somos afortunados, quizá algún familiar al que
queramos con especial intensidad, o a un amigo o amiga, y con los años este grupo selecto se suele ir enflacando aún más, y nos quedamos solos en ese huequito pequeño, secreto e íntimo al que hasta a nosotros nos cuesta entrar.
¿Pero entiende nuestro cerebro primitivo qué yo debe ponernos en juego en el campo de batalla de las redes sociales?
Las redes sociales parten de una imposición formal y un supuesto teórico.
·  Imposición formal: Debemos, antes de formar parte de la misma y por imperativo “legal”, aportar todos nuestros datos personales. Nombre, edad, estudios, profesión, procedencia, etc...
·  Supuesto teórico: Todas las personas a las que vamos a invitar y las que nos invitan son mis amigos. Así, de un plumazo saltamos del “yo público”, que es el que por la lógica imperante en los últimos 200.000 años debería imponerse; al “yo privado”. Todos son nuestros amigos y además, para colmo de males, toda esa valiosa información que estratégicamente debíamos utilizar en nuestro favor en los pasos previos a dar el salto de un primer “yo” al otro ya aparece en nuestro perfil o biografía. Las redes sociales nos empujan a omitir un paso previo valiosísimo y necesario para nuestra higiene mental. Nos arrojamos a la arena sin un escudo que permita evadir los primeros golpes. Entonces no nos queda otra opción que jugar, buscar la rápida aprobación de nuestros “amigos”, buscamos el “me gusta” la cita y lo demás ya lo conocemos. Obviamente, porque no todos corremos los cien metros en menos de diez segundos, no todos somos exactamente iguales, y no a todos nos impactan las cosas de igual manera. Pero si es cierto que este salto de un “yo” al otro puede provocar en algunos casos que la barrera entre lo privado y lo secreto se disipe peligrosamente y, casi sin darnos cuenta, estemos compartiendo intimidades y miedos que jamás se nos ocurriría compartir en otro ámbito. Y esto sí puede ser muy peligroso. No tanto por el uso o abuso de terceros, simplemente por nosotros mismos, por nuestro delicado equilibrio entre inseguridades y confianza en el que durante gran parte de nuestra vida nos movemos, y más especialmente durante nuestra juventud. Porque durante doscientos siglos nos hemos esforzado en ir vestidos y, amén de cuidarnos del frío o el calor, tapar nuestras vergüenzas, hay que ser de una pasta especial para salir a la calle desnudos o a una playa nudista. De la misma manera no todos están preparados para mostrar sus miedos y complejos a un golpe de click y no sentir en sus carnes, al poco, el golpe de la culpa o la vergüenza.
CONCLUSIÓN-CONFUSIÓN
¿Tan iguales somos, con lo diferentes que nos creemos, para resumir así nuestra conducta? ¿Sabían los que ingeniaron las redes sociales las increíbles variables e hilos que movieron para cosechar el éxito que han cosechando? ¿Tanto nos puede la necesidad de reconocimiento, de éxito, de fama, que estamos dispuestos a pasar horas ante la pantalla con tan de recolectar unos cuantos “me gusta”? ¿Estamos todos preparados para mostrar nuestra privacidad a los demás de forma absolutamente abierta y sin restricciones? ¿Se volverá esta herramienta en nuestra contra? ¿Existen las leyes que nos protejan realmente de un ataque a nuestra intimidad más profunda? ¿Cómo debemos movernos en el mundo de las redes sociales, cuál sería la mejor manera para proteger nuestra intimidad, nuestra higiene mental, y no sufrir repercusiones negativas en un futuro?
Realmente los filósofos solemos inclinarnos más por las preguntas que por las respuestas. Está en la mano, ya, de cada cual extraer sus propias conclusiones.

“Cómo funciona Facebook o cómo las ovejas siguen siendo ovejas”, David Pastor Vico. Revista de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México “Cultura Urbana”, n°48. Diciembre de 2013

18 oct. 2013

CARTAS AMERICANAS. Cara al Sol se come mejor




Se supone que desde la distancia todo debe parecer más pequeño, pero lo que está pasando en España, por muy lejos que uno se quiera colocar, o por muy lejos que a uno lo quieran poner, no deja de ser una enorme bola de mierda que apesta más, y más repulsiva se vuelve a cada instante, sea cual sea la distancia desde la que se observe.
Hace años los agoreros, como nos llamaban los bien pensantes ciudadanos, señalábamos con alarma la laxitud, o más bien la nula disposición, de los poderes en turno en castrar y cercenar de raíz los primeros escarceos de los viejo-fascismos, ya sin antifaz, que asomaban de nuevo los bigotes por los medios de comunicación de masas, amparados bajo la omnipotente libertad de expresión. Hoy los agoreros, como yo, estamos cagados de miedo, mientras el resto de la población bien pensante y ordenada se limita a poner paños calientes sobre la gangrena purulenta y, los más osados, cuelgan algún post en Facebook o recopilan firmas virtuales para que la rancia y nostálgica alcaldesa del pueblo aquel marras, ese que hizo un mercadillo bélico en un colegio público, se disculpe públicamente.
Los nostálgicos del régimen fascista están ahora ilusionados, porque ya no tienen que esconderse, porque ahora son revolucionarios que apestan a naftalina y alcanfor. Han ocupado el lugar combativo y anticondescendiente que ocupaban la ahora falsa progresía de izquierdas y se atreven a moralizar, a dogmatizar  y a pregonar las bondades de la teología neoliberal que está sumiendo a España en la miseria y la desesperanza. Y ahí, precisamente, tienen su caldo de cultivo, y ahí tendrán  su fuerza si no les prendemos fuego y nos deshacemos de ellos como si fuera un jergón hediondo lleno de garrapatas y chinches. Los pobres, los desesperados, los marginados, los amargados, los resentidos, los olvidados, los que no tienen los rudimentos  intelectuales  básicos para ver el gran problema de nuestro país con la perspectiva necesaria, ellos serán los que levanten el brazo derecho y extiendan la mano cara al Sol cuando les pongan un mendrugo de pan negro y una sardina arenque en la mano izquierda.
Europa está en alerta roja intentando apagar distintos frentes fascistas, y como si de un verano seco en Galicia se tratara, apaga fuegos en Grecia, en Francia, en Hungría, en Italia… Pero España, una vez más en su historia, España está demostrando que no es Europa, que  se basta sola para encerrarse en sus propias fronteras y destruir cualquier hálito de esperanza democrática. Nos sumergimos en estériles luchas patrióticas contra  el invasor Inglés en Gibraltar, y de forma más sangrante, aún si cabe, e insultando las inteligencias de todos, en Cataluña contra nosotros mismos. Y cuanto más presume este estúpido y mentiroso gobierno que nos lastima de imponerse contra el independentismo catalán,  más hará él por reivindicarse y más legitimado estará, le pese a quien le pese.
España se desangra y nos desangra a todos los que tenemos el dudoso honor de estar condenados, Génesis 3:19, a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente, porque los otros, los que comen jamón y gambas, esos cabrones lo hacen con nuestro sudor también, y así no hay anchura de espaldas que soporte semejante carga. Pero da igual, todo da igual porque la anestesia ya hizo su efecto y todos dormimos el sueño de los necios. ¿Quién le pondrá el bozal a este perro rabioso azuzado por su amo?
Llamadme agorero, o pájaro de mal ahuero, o curvo de infortunios, o portador de desgracias, da igual, pero acordaros de la pobre e infeliz Casandra. Apolo, enamorado de ella, le concedió el don de la predicción, pero cuando esta lo rechazó sexualmente el dios le escupió en la boca y la condenó a que nadie creyera sus predicciones. Y Casandra avisó a sus familiares y conciudadanos de que su ciudad sería invadida y sometida pero nadie la creyó, y Troya cayó bajo el pie de Agamenón. España, ignorante y narcotizada de sí misma, está condenada a repetir su historia, pero no aquella historia dorada y adornada de conquistadores del nuevo mundo, y media Europa, y cuna del Siglo de Oro, no, ¡esa no! Los jóvenes preparados ya se están exiliando, huyen de una galera centenaria y barroca que zozobra mientras los reos, encadenados, y que no pueden abandonar el barco, bogan desesperadamente por mantenerse a flote y no ahogarse. Las cifras que el gobierno se empeña en maquillar son sólo comparables a las de un país que acaba de salir de una guerra o, dramáticamente, que se avecina sin remedio a coger las armas.
¿Nadie me cree verdad?
Pues las fosas comunes ya están reabiertas y recibiendo a sus nuevos inquilinos.  Enfermos condenados a morir por los recortes sanitarios, desahuciados desesperados y agotados que prefieren la muerte a seguir luchando, emigrantes usados y abandonados a su mala fortuna, familias divididas a la fuerza con hijos que padecen la exclusión de la miseria, que no es más que la negación de una esperanza mínima  de ser felices. Uno de cada dos jóvenes lamenta y desespera de su vida, porque de nada sirvieron, ni sirven, sus esfuerzos ni sus ganas de vivir… Y escuchamos impávidos al asesino que dice que consigue trabajo el que se esfuerza, al sicario que alaba la gestión de la sangría y se ufana de las oportunidades y el cambio a mejor de España, al genocida que condena a nuestros hijos a una educación de tercera y quiere borrar de un plumazo la conciencia y la capacidad de pensar, que quiere acabar con la única llama que nos enseña, aún de lejos, qué es la libertad. Nadie podrá poner nuestros nombres en esa tumba, porque nadie se atreverá a recordarlos, porque nadie sabrá escribir y porque escritos, nadie sabrá leerlos.

España, ¿qué mierda es España? Es un cortijo, es un feudo, es un zoológico de animales dóciles, desnutridos y famélicos,  privados de toda esperanza. Y de guardas orondos y arrogantes que han heredado ese puesto y que nadie es capaz de poner en entredicho. Sé que España es más, o eso quisiera creer. Pero desde aquí, desde tan lejos como me encuentro, sólo veo a un país que agoniza medio ciego, ciego porque él sólo se tapa los ojos con su propia bandera; donde unos sólo pueden ver el oro que les enseñan y otros sólo la sangre con la que se alimentan.

11 jun. 2013

CARTAS AMERICANAS I

¿A cuánto está el kilo?


¿Qué fácil es ver los toros desde la barrera, verdad? Seguro que más de uno pensará esto cuando termine de leer este artículo. Claro que eso sólo pasará si he conseguido lo que quería, de lo contrario no será más que un ejercicio de retórica demagoga, pero eso, tampoco está tan mal, ¿no crees?
La distancia brinda la posibilidad de un análisis más despegado, y desde aquí, desde el otro lado del charco las cosas pintan diferentes. Supongo que si enumeráramos nuestros rasgos como nación, y no me refiero a los hitos históricos sino a cuestiones más emocionales, acabaríamos reduciendo nuestro patrimonio a unos cuantos caracteres comunes. Ingenio, picaresca y valentía. Si nos esforzáramos un poco seríamos capaces de encontrar un par de ellos más, pero como ahora mismo no se me ocurren, y el tesón y el trabajo duro no son dos atributos especialmente españoles, vamos a quedarnos con estos tres, que para el caso nos viene que ni pintados.
Lo del ingenio y la picaresca es indiscutible, somos unos ases del engaño, la mentira, la trampa y la poca vergüenza. Porque hay una picaresca del ingenio,  del te timo haciéndote creer más listo que yo, para que después no te atrevas ni a contar que compraste papelitos de periódico creyendo que un tonto confundía billetes con estampitas de santos. Pero está la otra picaresca, la que no precisa de ingenio, sólo del descaro, la prepotencia y el despotismo totalitarista. Ese ejercicio que nuestros políticos, fiscales y jueces, monarcas y nobles, banqueros, medios de comunicación, sindicalistas y demás prohombres y mujeres del país están haciendo todos los días con tanto entusiasmo, rizando el rizo del más difícil todavía. Nuestra capacidad de asombro es inagotable, aquí no se libra nadie del mangoneo y del tu más que yo. Así que es indiscutible que, de todas todas, la picaresca nos define.
Pero había una tercera cualidad, la valentía. En mi barrio no somos mucho de usar la palabra valiente, y aún menos valeroso. En mi barrio es una cuestión de cojones, de huevos, de testiculina. Y de eso los españoles vamos sobrados ¿verdad?
Pues permitidme que lo dude mucho. Desde aquí, desde la barrera del exilio económico, de la migración a empujones, y no desde el eufemismo hipócrita de la movilidad laboral, veo que el kilo de huevo español baja dramáticamente de valor.
Cuarenta años de dictadura, y treinta y cinco años de pseudo-democracia manipulada desde su gestación por los mismos que vencieron la guerra, han conseguido aborregar a los españoles, amansarlos, hacerlos dóciles corderitos que ni balar saben. Nos han enseñado que no hay mayor virtud que el diálogo, la negociación, la no violencia, la tolerancia, el respeto a los demás… Y nos lo han hecho tragar con un embudo educativo, mediático y cultural perfectamente diseñado para que, cuando ha llegado ya el momento de alzar la voz y el puño, no seamos capaces de hacer ni ruido al chocar las palmas de las manos, y las agitamos como molinillos para que los sordos sepan que aplaudimos.
El kilo de criadillas ha bajado mucho de precio, ya lo creo. En Turquía, en Egipto, en Grecia, en donde quieras, menos donde esta innombrada dictadura nos oprime, la gente salta y se revuelve cuando los pisan. Levantan el puño y si en él hay una piedra, un  palo o una barra de hierro mejor que mejor. En España las manifestaciones son a ritmo de batucada con malabares, porque somos muy ingeniosos y tolerantes. Los políticos no las impiden, pero si exigen que por favor no sean molestas… ¿Una manifestación que no moleste? Una protesta que nadie oiga quieren decir, supongo. Los escraches son nazis, las protestas son nazis, cualquiera que se salga del camino por el que nos han obligado a transitar es un nazi. Un universitario que se lamenta por no poder seguir sus estudios es un nazi. Los jubilados que se quejan porque de su pensión viven sus hijos y nietos en paro son unos nazis. Yo soy un nazi. Los filósofos, los libre pensadores, los pocos periodistas no vendidos, los profesores de institutos y universidades públicas, los seis millones de parados, cualquier que sea el que alce la voz es un puto nazi.  Todo el mundo es nazi menos los que realmente sí lo son. Los que han ingeniado un nuevo orden, un país a dos velocidades, el de ellos y el de los que no pueden ser como ellos.
 ¡Regalamos cojones españoles oigan! ¡Que hay muchos y no los usan!
Políticos que desde otras nuevas siglas intentan participar del festival caníbal de devorar a los votantes desencantados de los otros. ¡No tenéis huevos! Y vuelve nuevamente el discurso maniqueo y adulador, al verbo mínimamente efectista pero sin molestar, sin faltar que después mamá no nos dará pastel de postre. El 15 M, está muy bien, muy bonito, ¡pero no tiene huevos!, así que todos a cantar y a protestar, pero flojito no sea que se despierten los señores que viven arriba. ¿Así que quién podrá defendernos? Las redes sociales son la panacea comunicativa del siglo XXI, pero nos castra las ganas de partir escaparates y quemar bancos, porque una vez desahogados le damos “me gusta” a la foto de nuestra vecina en la playa, y ya está. Así que nadie tiene lo que hay que tener. Ni siquiera los que mandan tiene la valentía de decir públicamente “Sí, somos unos nazis enfermos y ultracatólicos que queremos joderos la vida porque ya está bien de que creáis que por nacer tenéis los mismos derechos que nosotros” ni la iglesia, ni los bancos tienen tampoco huevos. Al final todos somos unos cobardes, unos los que huimos fuera porque lo dimos ya todo por perdido, otros los que se quedan y tragan como patos para que de su hígado coman los que, también como cobardes, se siguen escondiendo bajo el falso velo de la democracia, el estado de derecho, la libertad de expresión y la libertad de culto.

Qué poco me gusta escribir todas estas cosas, que nadie piense que me regodeo en vuestras-nuestras, miserias. Pero todos los días me acuesto esperado despertar con la noticia de que un golpe de estado civil, compuesto de millones de españoles con palos y piedras, ha barrido las calles, los palacios y las iglesias de la mierda que ahora la infecta y una nueva esperanza ha nacido.  Pero, muy a mi pesar, esto no es más que un deseo, por ahora…