26 feb. 2010

QUIERO A MI BATIDORA X


Nos gusta sufrir (3ª parte)

Y al principio fue el verbo, o por lo menos eso dicen. Pero la palabra se presta a quien la pueda leer y entender, de lo contrario es como dar margaritas a los cochinos. Así pues vamos a empezar  por el principio, ¡a ver, presta atención!. La “i” con la “m” es “im”, la “b” con la “e” es “be”, la “c” con la “i” y con la “l” se lee “cil”. Y ahora todo junto: “¡Im-bé-cil!”

Ahora, más tranquilo, puedo empezar.

En mis dos anteriores artículos os hablé de los no-vivos y os los definí por sus actos, con un breve cuentecillo que bien responde a la realidad de Los Molares, de Utrera, de Sevilla y presumo que del cuarto de mundo que no se tiene que preocupar demasiado por poder comer cinco veces al día, aunque para ello, me refiriera a varios hechos puntuales ocurridos en Los Molares, pueblo en el que vivo y en el que disfruto de la buena gente que en él vive, claro que no todo el mundo es igual, y tu y yo sabemos a qué me refiero. Pero no me cansa, porque me jode en el alma, el volver a azuzar a los no-vivos con el hierro candente, a ver si conseguimos entre todos, dejarles la marca de la vergüenza en la frente, o en el morillo.

Ya definimos la paternidad como un hecho vocacional y libre (las excepciones no computan en este artículo) que se debe llevar a cabo sólo cuando ambos padres han entendido que una fase de su vida se cierra para destinar todos sus esfuerzos físicos y mentales, y su vida social y personal también, al correcto desarrollo de ese proyecto de persona que entre ambos han decidido traer al mundo. Todo lo que no sea esto,  puede ser entendido como falta de responsabilidad, de respeto hacia la nueva vida, y por supuesto una auténtica demostración de imbecilidad egoísta y absurda. Los niños no son una moda, ni una obligación social o familiar (¡Ay! ¡cuánto daño hacen las familias!), los niños no son una obligación de la vida en pareja, para eso hay condones, díus, anillos hormonados, píldoras e incluso el aborto si es necesario, y si no os es suficiente no os olvidéis del sexo oral, del sexo anal y de las pajas. Creo que es un abanico lo suficientemente amplio como para no hacer el imbécil trayendo, sin quererlo, una vida, a la postre desgraciada, a este mundo lleno de hijos de puta.

A ver si conseguimos tranquilizarnos de nuevo. Si estás molesto por algo hazme un favor y léete de nuevo el primer párrafo desde el tercer punto y seguido, no sea que no estés entendiendo del todo lo que te quiero decir.

Pero parece que los sesos (con “s”) fueron mal repartidos. Y los niños son paridos como por obligación social. ¿Te has casado, estás hipotecado, estás jodido?, pues toma un poquito más y ahora ten un hijo. Eso sí, no seas menos que nadie, que tu vecino el que se cree pijo, y cómprale a tu hijo todo lo más caro para que  los demás lo vean. Y cuando el niño ya ande, que no lo tengas que llevar en el carrito de seiscientos euros a la feria de madrugada, a la semana santa o al carnaval, vístelo como a un muñeco. Como lo hacen todos para lucirlo cual perrito con un nuevo corte de pelo. Vístelo como una figurita de Yadró, y que no se ensucie, que no pueda jugar con otros niños, que esté a tu vera mientras desayunas o tomas café con tus amigas y amigos, mientras le enseñas que fumar es un placer, que criticar sin fundamento, como hacen los idiotas, es lo que tiene que hacer cuando sea mayor porque mola. Pero ya pasas de él, que no él de ti. Ya cumplió su función de termómetro social de tus economías familiares. Ya todos lo han visto, todos te han dicho lo gracioso que va con sus tirantitos y sus medias de colores, con sus moños y su cabeza repeinada, con sus zapatos de charol, con todo eso que impide que el niño sea niño. Tu hijo, desengáñate, no será mejor hijo por estar así vestido.

Así pues recordad siempre que vuestro hijo no tiene la culpa, ni es responsable, de teneros a vosotros como padres. Y ahora, por última vez, si lo necesitas, relee de nuevo el primer párrafo desde le tercer punto y seguido.


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