24 may. 2010

QUIERO A MI BATIDORA XV

Ya no me creo nada (2ª parte)

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde. Francis Bacon (1561 – 1626)

Que desde hace casi quinientos años un inglés gordo y rubicundo, que murió de una pulmonía por rellenar un pollo de nieve, sea capaz de ponernos la cara colorada con una sentencia como esta, es algo que debería avergonzarnos a todos. Claro que posiblemente sólo sientan vergüenza aquellos que la entiendan y vean reflejados a sus semejantes en ella. Realmente aquellos hacia los que va dirigida seguirán viviendo en un mundo feliz, y seguirán durmiendo plácidamente.

No sé si a ti te pasa, pero yo cada vez me enfado más, supongo que será del riego. Me enfado conmigo mismo, por no ser capaz de hacer epojé de la realidad (este palabro griego significa desconectar, no emitir juicio, lo mismo te sale en el trivial y te llevas el quesito marrón) y dejarme llevar al infinito, y me enfado con mis vecinos por ser tan humanos, me enfado con la ciudad donde vivo y hasta con el planeta entero y me da miedo pensar que soy el único que se enfada... pero sé que tú también te enfadas y eso me da fuerzas, me da fuerzas saber que somos más de dos los que no aguantamos esta agonía. Este no querer ver la realidad y esconderse tras un muro de auto-estupidez ególatra e ignorante. ¿Acaso no os llega a los demás este pegajoso y dulzón tufo a mierda?

Pensemos juntos un poco en voz alta. Pensemos. Fíjate a tu alrededor y dime qué nos diferencia del hombre de las cavernas. Físicamente somos iguales, claro que no tenían implantes de silicona, ni empastes en los dientes, ni se injertaban pelo, ni usaban lentillas de colores, y por supuesto, vivían mucho menos y más incómodos que nosotros. Pero todo eso es forma, accidentes del tiempo y la evolución. ¿Pero, y la sustancia? ¿Somos iguales en nuestra esencia ahora que hace diez mil años? No ¿verdad? Algo ha cambiado. No sabes exactamente qué, pero algo ya no es igual. Tampoco sabes cómo se produjo el cambio exactamente, ni cuándo fue. Yo tampoco lo sé. Pero algo en tu interior te dice que ya no somos iguales, por lo menos, no todos. Por lo menos no tu vecino. Y esto es una pena, aunque pareciera todo lo contrario. Es una pena que tu vecino ya no sea un ser primitivo, si lo fuera seguramente cuidaría a sus hijos de otra forma, los prepararía para una vida dura, difícil y llena de situaciones que requerirán de él madurez, audacia e inteligencia. Si fuera un humano primitivo cuidaría de su pareja como el que defiende una balsa en un naufragio, porque sabría que ambos dependen el uno del otro para lo bueno y para lo malo, y que sobre un cimiento sólido es la única forma de edificar. Si no se hubiera transformado trataría a sus iguales como a él le gustaría que lo tratasen, los apoyaría y ayudaría sabiendo que solo es muy difícil llegar a ninguna parte, y que el bien de la mayoría es la única forma real de alcanzar el bien propio. Si fuera, como éramos todos, elegiría a sus lideres por sus capacidades reales y no daría pábulo a fantoches que venden humo y prometen la salvación tras el cegador resplandor del Sol. Si no hubiéramos cambiado tanto ahora seguiríamos siendo curiosos, todos, padres, madres, hijos y demás, disfrutaríamos del descubrimiento diario de un mundo casi infinito de posibilidades... estas son algunas de las cosas que hemos perdido ¿no te parece?

Hemos perdido muchas cosas, pero no hemos sido capaces de rellenar satisfactoriamente esos huecos, como hiciera Sir Francis Bacon con el pollo, él lo rellenó de nieve pensando que así se conservaría mejor. Nosotros hemos rellenado esos huecos con lo peor de nosotros mismos. Con nuestra estupidez, con nuestro ego insano que nos hace creernos infalibles y mejores que los demás, con nuestra sacra ignorancia, que no es más que un saco de supersticiones, y con nuestros miedos más primitivos, aquellos que nuestros antepasados consiguieron disipar pensando. ¿Ahora, porqué no nos enfadamos todos?

To be continued.

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