5 dic. 2011

QUIERO A MI BATIDORA 2.0

Operación bikini en diciembre



Dicen las malas lenguas que este año Papa Noel ha tenido que perder casi cincuenta kilos de tanto que le han apretado el cinturón y que los reyes magos se han apuntado al carro de los recortes institucionales y prescindirán de pajes, comitiva real, betún negro para Baltasar y han cambiado los camellos por unos ciclomotores que consumen menos, el seguro sale más baratito por la edad de los tomadores y el Seprona no les da tantas molestias.
El gobierno invitará en unos días a que compremos bonsáis de navidad, que ocupan menos y con un par de bolas ya vas que escarbas. Y respecto al tradicional portal de la natividad del Señor quién fue al que se le ocurrió invitar a todo Belén a ver el nacimiento del niño Dios. Con la mula y el buey, el niño, José y María vamos que derrapamos. ¡Vamos!  que no está la cosa para invitar a mucha gente a adorar al niño que hasta donde sabemos allí estaban más tiesos que aquí y no tenían para convidar ni a un anís con alfajores a quien se pasara por el pesebre. Y recordemos que el día dos de diciembre el portal ya sale sobrando del salón, y así, nos ahorramos la visita de los reyes magos, que, total, todavía no hay figuras de los reyes en vespino y para no estar a la última mejor hacemos mutis por el foro.
Todos sabemos que los regalos están sobrevalorados y que lo realmente importante son los sentimientos. Así que ya va siendo hora de que nos acordemos que la Navidad es una fiesta familiar donde la gente se tiene que recoger en sus casa para dar gracias al cielo por el nacimiento del mesías y que en la epifanía los reyes magos de oriente le regalaron incienso y mirra, que eso no vale nada en el chino de la esquina, y que el oro era una alegoría… Oro de oriente, oro del moro para que nos entendamos todos. Así que bien fácil lo tenemos para quedar como reyes, nunca mejor dicho, por unos céntimos de euro. Una buena cartulina de colores, unos rotuladores y a escribirle postales a todos los de la casa expresando nuestros mejores deseos, nuestros anhelos para el futuro y lo mucho que nos amamos, queremos y respetamos. Después unas  varitas de incienso y mirra y un abrazo con cariño el veinticinco por la mañana o el seis de enero tempranito y a dar una vuelta al parque para ver como los hijos de los ricos se pelan las rodillas al caerse de sus nuevas bicicletas flamantes, sus monopatines, patinetas, coches y motos a baterías y demás vanalidades del vil metal que tanto enojan a Dios, nuestro padre, que toma buena nota desde el cielo del dispendio de los descarriados para tirarles de las orejas, a esos malos cristianos, el día del juicio final, que además debe ya de estar muy cerca porque todos los presagios se están cumpliendo, todo lo sabemos.
No nos podemos olvidar en estas fechas de amor, paz y reconciliación, que nuestra gran deuda pendiente es el amor a nosotros mismos, lograr nuestra paz interior y reconciliarnos con nuestro yo. Y eso, como bien sabemos, es una labor que debe empezar por lo más elemental, véase, una correcta y adecuada alimentación que nos proporcione una mayor autoestima (amor), un equilibrio saludable (paz) y volver a entrar en el traje de baño que el verano esta a la vuelta de la esquina (reconciliación). Así que más claro; ¡agua! El jamón y las gambas son una vulgaridad y los dulces y turrones un  veneno para nuestro cuerpo y el de nuestros seres queridos. El invierno es el tiempo de las naranjas, de la col, la coliflor, las acelgas, las espinacas, los rábanos, el apio y la escarola. Aprovechemos estas vacaciones que pasaremos tanto tiempo en casa para hacer que nuestros hijos se alimenten bien y descubran el maravilloso mundo de las verduras y hortalizas navideñas. Que ya castigará Dios a golpe de colesterol, gota, hipertensión e impotencia a esos ricos prepotentes que este año conocerán los mantecados, alfajores, turrones, roscos de vino, pistachos, almendras, mazapanes, ricos vinos, espirituosos anises, suculentos pavos rellenos, ricas carnes mechadas, jugosos besugos horneados, delicadas gambas, bogavantes macizos de carne, langostinos cocidos, jamones, cañas de lomo, quesos, patés, confituras…sólo de pensarlo me está dando asco, ¿a ti no?

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