30 nov. 2009

QUIERO A MI BATIDORA V

Lo primero que se enciende al llegar al hogar. (1ª Parte)

Allí por el año 10.000 A.C., más o menos, nos apilábamos unos contra otros, quizá en las cuevas de Atapuerca, quizá en chozos en las marismas del Guadalquivir, quizá en construcciones de barro y paja en Los Molares. Nos reuniríamos al calor de unos hogares toscos, no muy apetecibles a nuestros ojos cómodos de viajeros del tiempo, pero hogares al fin y al cabo. Hogares donde lo importante, hasta refinamientos posteriores, nunca fue la calidad de la tarima flotante, y los dibujos que las vetas de falsa madera forman o la tapicería de los sofás, o el diseño alemán de nuestra cocina, termomix, chef 2000 y batidora de vaso incluidos, esas cosas vinieron mucho después, cuando nos olvidamos del significado de las palabras.

El hogar no son cuatro paredes y un techo, no es un edificio en concreto que cumpla unos estándares, es curioso leer las definiciones de hogar. Léetelas: Sitio donde se hace la lumbre en las cocinas, chimeneas, hornos de fundición, etc. Casa o domicilio. Familia, grupo de personas emparentadas que viven juntas. Asilo (establecimiento benéfico). Centro de ocio en el que se reúnen personas que tienen en común una actividad, una situación personal o una procedencia. ¡Fíjate qué cosas! Ninguna de las definiciones, y de las muchas más que habrá en otros diccionarios, tendría sentido si eliminásemos de la ecuación al ser humano. Definir una casa, un chalet, un piso, un adosado, un apartamento o un duplex es fácil, y no es necesario decir que dentro viven personas. Pero el hogar es una palabra que va unida a nosotros desde antes, quizá, que descubriéramos el calor y la luz que provoca la combustión: El Fuego.

El hogar es el refugio, el sitio donde puedes relajarte y dejar la espada, la lanza y el escudo en la puerta. Allí no pasa nada, allí estás a salvo. En el hogar te encuentras con los tuyos, hablas, amas y te enfadas porque el zoquete de tu hijo saca malas notas mientras el hijo pijo-tonto de la vecina saca magníficas calificaciones en su colegio concertado que al final pagamos todos mientras ella se empeña en decir que es privado. El hogar es donde te alimentas, no donde comes, comer se puede hacer en cualquier sitio, mientras tengas algunos euros encima, o muy poca vergüenza, pero alimentarse también es distinto porque no se hace sólo con comida. El hogar es nuestro ámbito privado de reconocimiento... lo es, aunque nos empeñemos en que cada día se parezca más a una revista de decoración de interiores y compitamos con todos los vecinos a mil kilómetros a la redonda en ver quién tiene la pantalla de plasma más grande. ¡Ah amigo! ¡Qué bien viviríamos sin no fuésemos tan vanidosos! ¿Qué importante parece que nos resulta el tamaño de las cosas verdad? Ahora te invito a que pienses mal.

Ya sabes de lo que voy a hablar, eres listo y has leído el título de esta entreda del blog, y como además no eres mal deductor, y como la mayoría de los hogares ya no tienen chimenea, has descartado que lo primero que encendamos al llegar al hogar sea el fuego, lógico. Así que, como brillantemente has deducido, lo que indefectiblemente encendemos todos al llegar a casa es la televisión. Pero eso no es malo, no creas que vengo a largar una moralina ahora que estoy acabando el artículo, no, no, no es malo. Es simplemente estúpido. Es estúpido encender la televisión antes de entrar en el baño a mear, es estúpido cocinar con la televisión a toda voz en el salón, es estúpido comer siempre con la televisión encendida sin saber siquiera qué te llevas a la boca y tragando por tragar... así lucimos. Es profundamente estúpido desplazar el fuego por la televisión, porque un hogar no está definido por las pulgadas del plasma.

...To be continued.

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