27 ene. 2011

UTRERA 2011


¡Feliz año nuevo!
Posiblemente la interjección “¡Feliz año nuevo!” sea, con diferencia, la reina de todos los arranques de año. No es de extrañar desde luego porque a poco imaginativos no hay quien nos gane y porque, como más de uno ya me estará replicando, nada mejor que conservar las tradiciones y buenas costumbres… tú di que sí!
A veces pienso que deberíamos plantearnos, de vez en cuando, y sin que sirva de precedente, algunas de estas expresiones hechas que tan recurrentes son. “Feliz año nuevo”, damos lógicamente por hecho que estamos estrenando un nuevo año, y, para no calentaros mucho la cabeza con filosofías masturbatorias o alusiones a otros calendarios, lo daremos por cierto y santas pascuas. Pero lo de desear felicidad es algo que se me plantea un poco más complejo. Cómo lo podría decir, más ingenuo o más cercano a la mística del lenguaje que a una posibilidad real. Puesto que nadie ha sido capaz de dar una definición que nos convenza sobre qué cosa sea la felicidad, tendremos que dejar al libre albedrio del sujeto al que deseamos felicidad que él se procure para el próximo año lo que bien entienda por tal. Esto es,  ¡Qué caces muchos peregurcitos!  Ya sabrás lo que son los peregurcitos para ti, que para mi bien son los rabillos de las bilbaínas. Amen.
Y por qué de todo este rollo a cerca del una expresión tan común como desear felicidad para el año nuevo. Pues porque definir algunos conceptos es tan utópico, como predecir el futuro, aunque sea un futuro cercano, como de once años, que es el ejercicio que llevo pariendo desde que comenzó esta temporada. Y ya que arrancamos un nuevo año, y estamos todos conformes con eso, bien se merece esta ristra de vaticinios un editorial tan ilógico, y mal encarado, como ella misma.
La ficción política de Utrera 2021, parte de un juego de desazones y de un hastío general que creo, lo mismo me equivoco, muchos estamos sintiendo desde hace tiempo. Da la impresión que la democracia, como realidad ontológica, tiene los mismos pilares que cualquier religión, la fe en que el sistema funciona no se sabe cómo ni por qué, pero que a poco que se le somete a un juicio crítico hace aguas como una parturienta en el noveno mes; de forma incontrolable y con un fin cierto. En el mejor de los casos una nueva criatura, y en el peor, un mal aborto que entristezca a los más sensibles y repugne a los más beatos. Damos por cierto, desde los medios de comunicación, que vivimos en el mejor de los mundos posibles y ese es el mayor error y el mayor insulto que podemos cometer contra aquellos que nos leen, ven u oyen. Este mundo no es el mejor, nunca lo fue, pero ojalá un día pueda acercarse un poco. Quizá aún estemos a tiempo de cambiar algunas cosas, no lo sé, pero Utrera 2021 intenta mostrar un posible futuro, no tan descabellado como se pudiera pensar y del que, si conseguimos tomar las riendas de nuestras vidas, podríamos evitar. ¿O aún crees que es imposible un futuro tan vacio, frívolo, fascista y sin sentido, como el que planteo en mis artículos? Si hace veinte años nos hubieran dicho que los estudiantes españoles irían a la cola de Europa y sólo serían comparables con los norteamericanos nos habríamos reído a mandíbula batiente, si nos hubieran hablado de obesidad infantil, de que los deportes tendrían un telediario propio tras el de las noticias “normales”, que se anunciarían películas en los noticiarios, que la mujer despechada de un torero sería líder de opinión, que hay más de cuatro millones de parados y parece que no le importa un carajo a nadie, que las huelgas son un escaparate de sindicalistas corruptos e intereses particulares… que todo esto y mucho más pasa y que en el fondo parece que no pasa nada…      va a ser que este no es el mejor mundo posible, ¿verdad?

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